🌅 Al despertar
Salmo 23
«El Señor es mi pastor, nada me falta.» Confía el día a Dios antes de abrirte al mundo.
🌙 Antes de dormir
Salmo 91
«El que habita al abrigo del Altísimo...» Duerme bajo la protección de Dios.
Salmo 23 — Al despertar El Señor es mi pastor, nada me faltará ▼
Empezar el día con el Salmo 23 es declarar antes de que pase nada: «Dios me cuida. No me va a faltar lo que necesito. Aunque haya valles oscuros hoy, no voy solo.» Es el salmo más rezado de la historia — y el que más vidas ha sostenido.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque Tú vas conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos.
Me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
— Salmo 23
Cómo rezarlo al despertar
How to pray it at dawn
Antes de ver el teléfono, siéntate un momento. Lee el salmo despacio, una vez. En el versículo que más te toque, detente. Repítelo tres veces. Luego di: «Señor, este día es Tuyo.» Eso es todo.
Salmo 91 — Antes de dormir El que habita al abrigo del Altísimo — protección total ▼
El Salmo 91 es el salmo de la protección nocturna. La Iglesia lo reza en Completas (la última oración del día). Cerrar los ojos con este salmo es decirle a Dios: «Cuida lo que yo ya no puedo cuidar. Protege lo que duerme.» Se lo rezaban los soldados, los viajeros, los enfermos y los santos.
El que habita al abrigo del Altísimo
y mora a la sombra del Todopoderoso,
dice al Señor: «Mi refugio y fortaleza,
mi Dios, en quien confío.»
Él te librará del lazo del cazador
y de la peste perniciosa.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.
No temerás el espanto de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta al mediodía.
Pues a sus ángeles dará órdenes
para que te guarden en todos tus caminos;
te llevarán en palmas
para que tu pie no tropiece.
Lo libraré porque se acogió a mí,
lo protegeré porque conoce mi nombre.
Me invocará y lo escucharé.
Estaré con él en la desgracia,
lo libraré y lo glorificaré.
Lo saciaré de larga vida
y le daré a ver mi salvación.
— Salmo 91
Cómo rezarlo antes de dormir
How to pray it before sleep
Apaga las luces. Lee el salmo en voz baja o escúchalo. Al llegar a «no temerás el espanto de la noche», detente y di el nombre de quien quieres proteger. Al final, haz una Señal de la Cruz despacio. Duerme.
Cuando un enemigo se burla o te humilla Que no se regocijen sobre mí — Salmos 25, 35 y 31 ▼
Cuando alguien te hiere, te irrespeta o actúa con malicia, la tentación es guardar eso adentro o desquitarse. Los Salmos muestran un tercer camino: llevar el dolor a Dios sin vergüenza y pedirle que sea Él el que defienda. No por venganza — sino porque vivir aplastado por la humillación es demasiado peso para cargarlo solo.
«En ti confío, Señor;
no quede yo avergonzado,
que no triunfen sobre mí mis enemigos.»
— Salmo 25, 2
«No permitas que se regocijen sobre mí
los que sin causa son mis enemigos.
No dejes que guiñen el ojo
los que me odian sin motivo.»
— Salmo 35, 19
«Señor, en ti me refugio;
no quede yo avergonzado jamás;
sálvame por tu justicia.»
— Salmo 31, 1
«El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?»
— Salmo 27, 1
Lo que estos Salmos hacen por ti
What these Psalms do for you
No piden la destrucción del otro. Piden que Dios sea quien defienda — que la humillación no sea la última palabra. Cuando rezas esto, estás entregando el caso a un tribunal más alto. Eso no te quita el dolor de lo que pasó, pero te quita el peso de tener que resolverlo tú solo o guardarlo dentro.
En el miedo e incertidumbre El Señor es mi luz y mi salvación — Salmo 27 ▼
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando se acercan contra mí los malvados
para devorarme vivos,
son ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropiezan y caen.
Aunque acampe un ejército contra mí,
mi corazón no tiembla.
Aunque me declaren la guerra,
yo confío.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
todos los días de mi vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
— Salmo 27, 1-4.14
En la angustia profunda Desde el abismo te llamo — Salmo 130 (De Profundis) ▼
Desde el abismo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz.
Estén atentos tus oídos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero en ti se halla el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera al Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor
más que el centinela a la aurora.
Porque en el Señor hay misericordia,
abundante redención;
Él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
— Salmo 130
Contra hechicerías y ataques espirituales Que Dios se levante y sus enemigos se dispersen — Salmos 68, 35 y 91 ▼
La Iglesia reconoce que existen fuerzas espirituales del mal. Pero también enseña con absoluta claridad: ninguna fuerza oscura tiene poder sobre quien está bajo la protección de Dios. Estos salmos han sido usados durante siglos en la tradición católica y judía exactamente para esto: declarar la supremacía de Dios sobre toda oscuridad, toda maldición, todo trabajo hecho en las tinieblas. No son magia — son fe declarada en voz alta.
«¡Que se levante Dios, que se dispersen sus enemigos,
que huyan de su presencia los que le odian!
Como se disipa el humo, los dispersas;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los malvados ante Dios.»
— Salmo 68, 1-2
Este versículo es el más antiguo y poderoso grito de protección del Antiguo Testamento. Se ha usado durante siglos al comenzar procesiones, exorcismos y bendiciones.
«Señor, defiéndeme de los que me combaten,
combate a los que me combaten.
Empuña el escudo y el broquel,
álzate en mi auxilio.
Blandir la lanza, cierra el paso a mis perseguidores,
dime: "Yo soy tu salvación."»
— Salmo 35, 1-3
«El Señor es fiel, te guardará del mal,
guardará tu vida.
El Señor guardará tu salida y tu entrada,
ahora y por siempre.»
— Salmo 121, 7-8
«No temerás el espanto de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta al mediodía.
Pues a sus ángeles dará órdenes
para que te guarden en todos tus caminos.»
— Salmo 91, 5-6.11
Cómo rezarlos contra ataques espirituales
How to pray them against spiritual attacks
Empieza con una Señal de la Cruz lenta y consciente. Lee el Salmo 68,1-2 en voz alta — esta parte es importante, la voz lleva autoridad. Luego el Salmo 35,1-3. Termina con el Salmo 91 completo. Si puedes, agrega la oración a San Miguel Arcángel al final.
Recuerda: no es miedo lo que reza estos salmos, sino certeza. «Ninguna arma forjada contra ti prosperará» (Isaías 54,17). No le das poder al mal al nombrarlo en oración — le estás declarando que no tiene autoridad sobre ti.
Recuerda: no es miedo lo que reza estos salmos, sino certeza. «Ninguna arma forjada contra ti prosperará» (Isaías 54,17). No le das poder al mal al nombrarlo en oración — le estás declarando que no tiene autoridad sobre ti.
En la traición o injusticia No te irrites por los malvados — Salmo 37 ▼
No te irrites por los malvados,
no envidies a los que obran mal,
porque se marchitan pronto como la hierba,
se secan como el verde del prado.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita la tierra y practica la lealtad.
Pon en el Señor tu delicia
y te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda al Señor tu camino,
confía en Él, y Él actuará:
hará brillar tu justicia como el alba,
tu derecho como el mediodía.
Aguarda al Señor, espera en Él;
no te irrites cuando le vaya bien
al que triunfa en sus planes.
Porque los malvados serán exterminados,
pero los que esperan en el Señor
poseerán la tierra.
— Salmo 37, 1-7.9
⚔️ Oración complementaria — no es un salmo
⚔️ Complementary prayer — not a psalm
Oración a San Miguel Arcángel
Prayer to Saint Michael the Archangel
El Papa León XIII mandó rezar esta oración al final de cada Misa tras una visión en 1884. Se reza después de los Salmos de protección como escudo espiritual final.
Pope Leo XIII ordered this prayer at the end of every Mass after a vision in 1884. It is prayed after the protection Psalms as a final spiritual shield.
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad
y acechanzas del demonio.
Que Dios lo reprima, pedimos suplicantes,
y tú, príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.